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INVALIDEZ – ACTUALMENTE SE DENOMINA INCAPACIDAD PERMANENTE

Es la situación del trabajador que, después de haber estado sometido a un tratamiento médico y haber sido dado de alta médicamente, presenta reducciones anatómicas o funcionales que disminuyen o anulan su capacidad laboral, dando lugar a distintos grados de incapacidad.

Incapacidad permanente parcial

Es la que, sin alcanzar el grado de total, ocasiona al trabajador una disminución no inferior al 33% en el rendimiento normal para su profesión sin impedirle otras tareas fundamentales de la misma.

La cuantía a percibir será el importe de 24 mensualidades de la base reguladora que sirvió para el cálculo de la prestación de Incapacidad Temporal.

Incapacidad permanente total

Es aquella que inhabilita al trabajador para la realización de todas o de las tareas fundamentales de su profesión siempre que pueda dedicarse a otra distinta.

La cuantía a percibir será del 55% de la base reguladora, que se puede incrementar en un 20% para trabajadores mayores de 55 años y que no realicen trabajos.

Incapacidad permanente absoluta

Es aquella que inhabilita por completo al trabajador para toda profesión u oficio.

La cuantía de la prestación será el 100% de la base reguladora y la pensión será vitalicia.

Gran invalidez

Es la situación de un trabajador afectado de incapacidad permanente y que, a consecuencia de pérdidas anatómicas o funcionales, necesita la asistencia de otra persona para llevar a cabo los actos más esenciales de la vida.

La cuantía a percibir es la misma que para la Incapacidad Permanente Absoluta y se incrementa en un 50% destinado a la persona que atiende al inválido.

 

CONSEGUIR LA  PENSION DE INCAPACIDAD

 

INCAPACIDAD PERMANENTE TOTAL:

 

Es una cuestión médico – jurídica, es decir,  hay que acreditar que las lesiones y padecimientos del trabajador le impiden realizar su trabajo con dedicación, garantía, eficacia y según los estándares normales del mercado de trabajo. Y eso se consigue con informes médicos y un abogado o graduado social, que ligue esos padecimientos a la profesión del trabajador, con el resultado de que está incapacitado para su profesión habitual.

 

Hay que tener en cuenta que ni el abogado ni el juez son médicos, por lo tanto nuestra labor,  será traducir el lenguaje médico a lenguaje jurídico, pero tampoco nos podemos inventar dolencias o enfermedades, todo esto tiene que venir detallado en informes médicos, esa es la clave siempre, cuanto más extensos sean mejor, y de médicos especialistas no del médico de cabecera (que apenas son valorados por la cercanía médico – paciente).

 

INCAPACIDAD PERMANENTE ABSOLUTA:

 

La incapacidad absoluta por definición es aquella que inhabilita al trabajador por completo para toda profesión u oficio. Esta es la definición legal, pero los tribunales han ido perfilando esta definición, ya que si se aplicara en sentido literal nunca se concedería una incapacidad absoluta permanente, así que los jueces tienen en cuenta la ‘capacidad residual del trabajador’, es decir, la capacidad que tiene el enfermo para realizar otro trabajo, de forma que si puede realizar otro no le corresponde la invalidez absoluta.

 

Esto es lo que dice el Tribunal Supremo, que es quien manda, sobre la capacidad de realizar otro trabajo:

 

 “la realización de un quehacer asalariado implica no sólo la posibilidad de efectuar cualquier faena o tarea, sino la de llevarla a cabo con un mínimo de profesionalidad, rendimiento y eficacia, y la necesidad de consumarlo en régimen de dependencia de un empresario durante la jornada laboral, sujetándose a un horario, actuando consecuentemente con las exigencias que comporta la integración en una empresa, dentro de un orden preestablecido y en interrelación con los quehaceres de otros compañeros, en cuanto no es posible pensar que en el amplio campo de las actividades laborales exista alguna en la que no sean exigibles esos mínimos de dedicación, diligencia y atención, que son indispensables incluso en el más simple de los oficios y en la última de las categorías profesionales, salvo que se dé un verdadero afán de sacrificio por parte del trabajador y un grado intenso de tolerancia en el empresario, pues de no coincidir ambos, no cabe mantener como relaciones laborales normales aquellas en las que se ofrezcan tales carencias, al ser incuestionable que el trabajador ha de ofrecer unos rendimientos socialmente aceptables”

 

Es decir, si el trabajador no puede cumplir con esos por así decirlos “estándares mínimos le debe corresponder una incapacidad permanente absoluta.